Armada caballera de tus besos
Me dispuse a salir de la venta de tus labios
Con jumento y sin aliento.
Tracé con mi dedo la narración itinerante
Que seguiría sobre ti
Como un camino infinito de caricias.
Cuando comencé a andar
Me asustaba pensar que las piedras
Y en el polvo del sendero
Rozarían mi armadura.
Pero pronto comprobé
Que tus manos no la rayaban;
La pulían con sudor y ternura.
Entonces
Me deshice del yelmo y del escudo
Y disfruté
De las más apasionadas aventuras
Que se pudieran pensar,
Sobre tu cuerpo.
Amarrada a estas riendas
Que me sujetan a ti.