martes, 11 de mayo de 2010

Siempre tres pasos por detrás de la figura, seguí avanzando sin fijarme dónde se posaban mis pies a cada nueva zancada a través de las altas hierbas muertas.

El crujir seco que producíamos al avanzar por el claro interrumpía mis procesos mentales y me erizaba el cabello. La luna y la oscuridad hacían una buena pareja en el cielo, entre los tétricos jirones grises de las nubes vaporosas, y bajo la capucha que ocultaba mi rostro y mis canas, y bajo las ramas astilladas de los árboles bañados en ceniza.

Siempre tres pasos por detrás de la figura.

Encorvado y ligero, el ser se desplazaba con naturalidad por entre la deliciosamente escalofriante luz ensombrecida de la noche.

No negaré ahora que mi corazón golpeaba descompasado mis viejas costillas, mas del mismo modo creo poder asegurar que pocos hombres curtidos y valientes hubieran acompañado a la triste figura en su liviano deambular por la bruma de aquella madrugada maldita de abril.

Sólo un insensato como el que yo era podía atreverse a ir más allá de lo que este mundo nos ofrece.

El ser me condujo hasta la cima misma de la tantas veces mancillada colina. Un viento extremadamente agradable, tan gélido como ardiente y tan embriagador como tonificante, azotó mi cuerpo de improviso y arrancó la tela de mi rostro.

Sólo un mundo como éste forja espíritus insensatos como el que me dominaba entonces.

Nos detuvimos. La sangre cubría todo el claro, o eso me pareció. Alzando los ojos al fin, contemplé el magnífico espectáculo de una luna encarnada.

La noche estaba de gala. Los infiernos bullían a la luz carmesí que procedía de lo alto. Recuerdo que llegué a preguntarme si las tristes gotas de lluvia que comenzaron a caer eran acaso las lágrimas de los querubines que contemplaban el reinado del mal en la Tierra.

Walpurgis Nacht.

Siete bolas de fuego estallaron allá arriba. La figura se volvió, al tiempo que se alzaba y se mostraba insospechadamente imponente ante mí. La capucha que cubría lo que debería haber constituido su faz se agitaba permaneciendo firme, no permitiendo que se mostrase ante mis ojos indignos aquella aberración.

Las anchas, andrajosas y oscuras vestiduras del ser se removieron y una mano que semejaba pura gangrena se extendió ante mí apareciendo por entre los pliegues de tela pútrida.

Posé con reverencial repugnancia el ajado rollo de papel amarillento moteado por oscuras excrecencias fungosas sobre los huesos afilados cubiertos de piel alarmantemente negra.

Aquellos dedos como retorcidas ramas de árbol se cerraron con un crujido sobre el rollo, oprimiéndolo y arrugándolo, desapareciendo de nuevo bajo los oscuros mantos.

Sin previo aviso, la figura extendió el otro brazo y alcanzó a rozarme siquiera la cabellera con la punta de los dedos. Un extraño hálito emanó de la negrura de la capucha, como un suspiro malévolo.

Un espantoso escalofrío me abatió momentáneamente, mas tras recuperar la serenidad y comprobar que el pacto se había sellado con la sangre que manaba ahora de mi mano derecha, hice una reverencia ante la silueta negra recortada contra la luna encendida y me apresuré a marcharme.

Avancé prácticamente a tientas por entre la hierba del claro manchado de rojo, en dirección a la tranquilizadora frondosidad impenetrable del bosque. Las risas crecían en número e intensidad a mis espaldas.

Mi corazón latía descompasado, aunque ahora golpeaba con renovada fuerza unas jóvenes costillas.

Llegado ante la primera línea de árboles, me giré justo a tiempo para ser testigo de cómo aquel anillo de fuego crecía alrededor de las innumerables siluetas que danzaban, gesticulaban y derramaban sangre en lo alto de la colina, entre macabras carcajadas recién proferidas desde alguna grieta que conducía al Averno.

Corrí a través de los árboles, donde la luna que se filtraba por entre las ramas era plateada de nuevo.

Sí, atrás dejaba mi alma. Pero sabía que en este mundo nuestro jamás sería mi posesión más preciada.

Mis cabellos, empapados, dorados de nuevo, ondeaban al viento aquella noche del 30 de abril.

Tags: Walpurgis Nacht, Miguel A Martínez

Publicado por MiguelArmandoM @ 23:11  | Relatos y poesía
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
"En la Noche de Walpurgis II" es la segunda de una serie de obras que pretendo escribir acerca de la oscura festividad de Walpurgis Nacht. La primera, un largo poema narrativo que compuse allá por enero de 2009, no merece la pena. Quizá dentro de un tiempo... cuando lo retoque debidamente.
En fin, simplemente quería dejar claro el por qué del "II".
Publicado por MiguelArmandoM
martes, 11 de mayo de 2010 | 23:22
DIIIIIIIIIIIUSSSSS!!
es escalofriadamente escalofriante, MIguel. Esta vez te has superado a tí mismo. Me has dejado espectante y con ganas de más... de mucho más... quiero leerlo todo, YAAA!!!!
Publicado por maria19mam
jueves, 13 de mayo de 2010 | 17:27