domingo, 09 de mayo de 2010
Esta tarde me he visto inmerso en un viaje por la poesía y por la filosofía. Mi mente estaba en blanco, pero sentía ganas por escribir por lo que, mirando al horizonte, inspirado por un cielo de belleza abrumadora, creo haber conseguido un breve halo de lucidez para transmitir una infinitamente pequeña parte de lo que el silencio y la admiración por la naturaleza despiertan en mi interior. Creo que de encuadrarlo en algún sitio, lo pondría en "Poesía filosófica", aunque algunos poetas equiparan la filosofía con la poesía. Pero, si se me permite, lo pondré en el apartado "Filosofía", para inaugurar este apartado e incitaros a expresar vuestra opinión y sensaciones. Que lo disfrutéis.

Blanco


Blanco,
mi mente está en blanco.
Color sobre color
y éste sobre otro color.

No puedo ver nada,
la luz me ciega, aislada.
Me zambullo en el infinito,
hogar y refugio de lo insólito.

Representas bondad,
virginidad, inocencia,
pero la única verdad
es que anegas mi conciencia
de tu agua, de tu cura,
que es pureza,
devolviendo mi cordura
y mi entereza.

Alegoría de saberes
y de aquellos menesteres
con los que el hombre alaba lo que eres,
símbolo.

Mucho más que un colorcillo.
Más incluso que la unión
de magenta, verde y amarillo
para alcanzar una ilusión:
ser como tú.

Pero no eres tan perfecto,
voy a desenmascararte.
De la superposición del selecto
grupo de colores arrancarte:

Nada eres sin la alegría
del amarillo, del naranja,
fuente de tu energía,
lo que el misterio de tu poder zanja.

No eres tú sin la pasión
del rojo,
origen de toda emoción
y antojo.

Grande es tu vulnerabilidad
sin lo que el púrpura,
estabilidad,
ofrece y te procura.

Ni que hablar del verde,
cuya esperanza
y excelencia
ofrecen buena
andanza
y experiencia
a tu color.

Negro eres
si no te rodeas
de colores y poderes
de los que tanto te regodeas
pero no son tuyos.

Bien he dicho al decir negro,
ausencia de todo,
presencia de la nada,
nada en todo
y todo en nada.

¿Qué es el hombre?
El hombre es blanco.
Las personas circundantes,
las pasiones subyugantes
entre amantes,
ideales abundantes
y miedos asfixiantes
son sus colores integrantes.

El hombre es utopía
que nos viene a desafiar
para alcanzar esa blancura,
ese modelo, ese ideal.
¿Tan grande es la locura
de soñar?
¿Para qué sirve esa utopía?
Sirve para caminar.

Nadie es hombre para admitir que no lo es,
pero querer serlo nos humaniza más de lo que imaginamos.
Yo quiero ser un hombre para conocer al hombre.


Eduardo Oliver Rozalén

Tags: Eduardo Oliver Rozalén

Publicado por Eglador @ 20:52  | Filosofía
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Eglador, me siento en deuda contigo por estas creaciones que brindas al blog.
Excepcional. Magnífico. Increíble. Impresionante.
¿Y sabes lo mejor de todo? Que estoy siendo absolutamente sincero; no exagero en absoluto. Te lo pido por favor, sigue escribiendo en los ratos que te apetezca. Esto es simple y llanamente GENIAL.
Publicado por MiguelArmandoM
martes, 11 de mayo de 2010 | 23:00
Un comentario sin comentarios. Creo que eres hombre. Un hombre increíble.
Publicado por maria19mam
viernes, 14 de mayo de 2010 | 23:43