que me deja,
que me abandona,
que se va,
que no vuelve
ni mira atrás.
Tus palabras silenciosas
nunca me llegaron.
Sé que fueron pretenciosas,
pues no sólo alegaron
que tu amor por mí,
tan real, existente,
osaría inundar algún día
gran espacio de mi mente,
sino que vaticinaron que mi suerte
no sería sino amaros
hasta el día de mi muerte.
Perdido estoy
si habiendo llegado el momento
en el que enamorado soy
tu imagen se vuelve en tormento,
descubriendo que me has olvidado,
que para ti no existo.
¿No sabéis que me quemáis
solo con imaginar
las caricias que me procuráis?
Es cierto que es anodino
el intento de aplacar
la voluntad de lo divino.
Mas no deseo enfermar
de lo que mal empieza
y peor acaba,
¿y hacer limpieza
de lo que la prudencia alaba?
No puedo amarte,
calla, acaba.
Por más que me escribes
no pienso responder a tus misivas.
No me interesa cómo vives
o suspiras
por un amor en el que, insistes,
procuras.
Vale que es de un necio
negar la oportunidad
de que por tan bajo precio,
halle la felicidad.
Solo tengo que entregarme a vos.
¿No es acaso vuestra condición,
sino estirar mi mano para gozaros
y perder toda noción?
No puedo rendirme,
¡he de resistirme!
Decís que me amáis,
mas no puedo veros,
¿dónde estáis?
¡Dejad de esconderos!
Me sorprende
que tales palabras vacías
sigan provocando respuesta, ende
que tanto decías,
palabras ciertas de las que careces,
en tanto que tú no apareces.
Puede que tanta negativa,
por activa y por pasiva
repetida,
os conduzca hasta la huída
de lo que vuestra palabra me convida.
Hago esfuerzos para olvidaros,
pero aún no os conozco,
cierto, dulce es imaginaros,
acto que no aborrezco.
Mas, ¡no debo,
oh, pero de tus palabras casi bebo!
¿Y cómo no ceder?
¡¿Cómo no perder
la cabeza por ti, mujer!?
Mi locura es una ilusión,
fantasmas en mi corazón
que destruyen toda razón.
¿No sabéis que me quemáis
solo con imaginar
las caricias que me procuráis?
¿No es acaso vuestra condición,
sino estirar mi mano para gozaros
y perder toda noción?
¿Y cómo no ceder?
¡¿Cómo no perder
la cabeza por ti, mujer!?
A mí vendrás con gran donaire
cuando decidas existir,
para encontrarte no haré
otra cosa sino en tu búsqueda partir.
Qué triste es gritar al aire.
Aún no existes, pero te amo…