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Tuvieron la suerte de conocerlo, de tenerlo como amigo, como incondicional de encuentros, de viajes, de cenas y de su sabiduría. Ellos son sus herederos, los encargados de mantener vivo no sólo al poeta ―que se mantiene por sí solo con su obra― sino de revivir al ser humano, al niño maltratado por lo injusto nuestra guerra, al hijo roto en el dolor de notificar a su madre el fusilamiento de su hermano, al anciano temeroso con los doctores [...]